Cómo Tomé el Control en la Zapatería y lo Hice Sucumbir a Mi Coño

Me llamo Lola, tengo 29 años, 1,57 m y 50 kg, pero mis tetas 95D y mi culito prieto vuelven locos a los tíos. Ese día salí con mi novio Javier, una tarde soleada, a por unos tacones negros de 9 cm con brillos. Minifalda negra ajustada, top blanco sin sujetador, piercing en el ombligo al aire. Sentía las miradas quemándome la piel mientras caminábamos al centro.

Entramos en esa zapatería cutre. El dueño, un cincuentón canoso, normalito, se quedó clavado en mí cuando me senté en el banquito, cruzando las piernas despacio. ‘¿Los tacones negros con strass?’, le dije con voz firme, mirándolo fijo. Fue a buscarlos, volvió y se arrodilló. Sus manos temblaban un poco al rozarme el tobillo, subiendo por la cadena del pie hasta la pantorrilla. Olía a cuero viejo y a su colonia barata. Le dejé que mirara mis muslos, abrí un poco las piernas. Vi cómo tragaba saliva.

La Decisión: Él Será Mío Esta Tarde

Javier estaba al lado, excitado ya. Me puse los tacones, caminé, el clic-clac resonando. Perfectos. Al quitármelos, su mano rozó más arriba. Sonreí. ‘¿Qué tal, amor?’, le pregunté a Javier. ‘Te sientan de puta madre’, dijo él. El tío se levantó y soltó: ‘Señorita, las cosas finas le quedan… ideales’. Alusión clara a mi tanga. Fingimos pensarlo y salimos. En el coche, reímos. ‘Ese viejo baboso casi se corre mirándote’, dijo Javier. Yo ya estaba mojada. ‘Vamos a por ellos, pero esta vez mando yo’.

Volvimos. ‘Los queremos’, dije yo directamente. Javier: ‘Prueba otra vez, cariño, para estar seguros’. Abrí mi bolso, saqué el tanga que me quité bajando del coche, húmedo ya. Lo dejé ahí, a la vista. El tío lo vio, ojos como platos. Se arrodilló de nuevo, miró mi coño depilado, desnudo, labios hinchados. Se quedó congelado. ‘¿Qué pasa, no sigues?’, le ordené, voz baja pero autoritaria. Empezó a ponerme el tacón, pero su mano subió directo al muslo interior. ‘Sin nada… estás… joder’, murmuró.

Ahí lo pillé. Le cogí la cabeza, acerqué su cara. ‘Chúpame ya, que lo veo en tus ojos’. Su lengua tocó mi clítoris, áspera, caliente. Gemí bajito. ‘Más adentro, cabrón’. Javier jadeaba viendo. Yo dirigía: ‘Dedos, métemelos, dos, gira… sí, así’. Mi coño chorreaba en su boca, sabor salado mezclado con su saliva. Se traga todo, ansioso.

El Polvo Brutal: Dirijo Cada Empujón

Lo paré. ‘Quítate los pantalones’. Polla media dura, gorda, venosa. La agarré, dura ya en mi mano. ‘Siéntate ahí’, al banquito. Me subí encima, tacones puestos, minifalda arremangada. ‘No te muevas, yo follo’. Bajé despacio, su polla abriéndome el coño, centímetro a centímetro, estirándome. ‘Joder, qué prieta’, gruñó él. Yo rebotaba, tetas saltando, pellizcándome los pezones. ‘Cállate y agárrame el culo’. Javier se tocaba la polla viendo cómo lo montaba, mis jugos bajando por sus huevos.

Cambié: ‘De rodillas, ahora por detrás’. Me puse a cuatro, él embistió, pero yo marcaba: ‘Más lento… sí, chupa mis tetas mientras’. Le metí los dedos en la boca, sudada. Clímax cerca, apreté su polla con el coño. ‘Córrete dentro, lléname’. Él explotó, caliente, gruniendo. Yo me corrí después, temblores, coño palpitando ordeñándolo todo.

Me levanté, semen chorreando por muslo. ‘Límpialo con la lengua’. Lo hizo, sumiso. Javier pagó, riendo. Salimos, yo eufórica. Poder total. Ese viejo era mío, lo usé como quise. Aún me mojo recordándolo. Esa adrenalina de conquistar, de verlos rendirse… adictiva. Javier me folló esa noche contando detalles, pero yo fui la reina.

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