Estábamos en el restaurante del Normandy, el viento normando azotando las ventanas. Fred me miraba nervioso, sabiendo que Celia llegaba. Yo, con mi sonrisa de siempre, le apreté la mano. ‘Estás atrapado, cariño’, le susurré al oído, mi aliento caliente en su cuello. Él tragó saliva, excitado y perdido. Celia entró, rubia, curvas generosas, mirada que perfora. La besé profundo, lengua enredada, dejando claro quién manda. Nos sentamos, champagne fluyendo, risas picantes. Mi mano en el muslo de Fred subía lenta, rozando su paquete endurecido. ‘Esta noche sois míos’, dije bajito, mirándolos a los dos. Ellos asintieron, hipnotizados. Pedí más botella, olivas, martinis. La tensión crecía, aire cargado de promesas sucias.
Subimos a la suite, puerta cerrada con llave. Celia se tiró en el sofá, yo miré a Fred. ‘Quítate la camisa, despacio’. Obedeció, ojos fijos en mí. Me acerqué, desabroché su pantalón, saqué su polla tiesa, ya goteando. ‘Buen chico’. Celia se rio, quitándose el top, pechos libres. Las besé a las dos, alternando bocas húmedas. ‘Yo decido cómo y cuándo’. Empujé a Fred al sofá, me arrodillé entre sus piernas. Lamí su glande, chupé sus huevos, polla entera en mi garganta. Gime, ‘¡Dios, Madeleine!’. Célia se unió, lengua en mi cuello. ‘Chúpale tú ahora’, le ordené. Ella obedeció, yo guiando su cabeza.
La Decisión que Cambió Todo
Me quité la falda, coño depilado palpitando. ‘Fred, lame’. Me senté en su cara, jugos en su boca. Él lamió feroz, clítoris hinchado bajo su lengua. ‘¡Más fuerte, joder!’. Celia me besaba los pechos, tetas duras en sus manos. Gemí alto, ‘¡Sí, así!’. Corrí en su boca, temblando, chorros calientes. No paré. ‘Celia, a cuatro patas’. Ella arqueó espalda, culo perfecto. Metí dedo en su ano, lamí su coño mojado. Fred la miró, polla roja. ‘Fóllala tú, pero lento’. Él entró, yo controlando ritmo: ‘Más profundo, cabrón’. Cambié: monté a Fred, polla enterrada en mi coño, rebotando. ‘¡Fóllame duro!’. Celia lamió mis huevos, su lengua en mi culo. Grité, orgasmo brutal, paredes apretando su verga.
Placer Bajo Mi Mando
‘Ahora, los dos a mis pies’. Arrodillados, chupaban mi polla… no, mi coño y culo alternos. ‘Celia, abre la boca’. Fred la folló por detrás mientras yo la besaba. Cambios rápidos: follé a Celia en el sofá, dedos en su chocho, Fred en mi culo. ‘¡No corras aún!’. Él jadeaba, al límite. ‘Dame tu leche’. Me arrodillé, pollas… su polla en mi mano, apuntando a caras de ellas. Él explotó, semen espeso en bocas abiertas. Lamí todo, besos compartiendo corrida caliente, salada.
Me recosté, sudada, poderosa. Ellas a mis lados, exhaustas, besándome pies. ‘Lo habéis hecho bien’. Sonreí, corazón latiendo fuerte. Tenía exactamente lo que quería: control total, placer mío primero. Fred murmuró ‘Eres increíble’, Celia ‘Mi reina’. Dormimos enlazados, yo en medio, dueña de la noche. Mañana, más. Siempre yo al mando.