Tomé el control total: mi conquista salvaje en el parque

Caminaba sin rumbo por esa calle desierta de las afueras. El sol pegaba fuerte, mi falda negra subía con cada paso, rozando mis muslos. Me había perdido, pero no me importaba. De repente, lo vi: un tío normal, saliendo de la nada en ese camino de tierra entre campos. Pelo en pecho, polla medio oculta por vellos. Me miró, dudando. Yo sonreí, segura. Esta noche sería mío.

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—Ey, guapo, ¿buscas algo? —le dije, acercándome lento, mis tacones clavándose en la tierra seca. Él balbuceó algo de una fuente, pero yo ya había decidido. Lo miré fijo, bajando la vista a su bragueta. Sentí la adrenalina subiendo, ese rush de saber que lo tendría gimiendo bajo mis órdenes. Me paré cerca, mi aliento en su cuello.

La decisión que lo cambió todo

—No vas a guiarme tú. Yo decido. Quítate la camisa. Ahora. —Mi voz firme, sin titubear. Él parpadeó, sorprendido.—¿Qué? Aquí, en medio de la nada… —Hice una pausa, rozando su pecho con las uñas.— Exacto. Aquí. Desnúdate todo. O me voy y te quedas con las ganas. Vi su polla endurecerse bajo los pantalones. Temblando, se quitó todo. Desnudo, vulnerable. Perfecto. Yo me quité la falda despacio, revelando mi coño depilado al aire, liso y húmedo ya. Sus ojos se clavaron ahí. Le agarré la polla, dura como piedra.— Regla uno: no tocas sin permiso. Regla dos: me llamas señora. Regla tres: corres cuando yo diga. ¿Entendido? Él asintió, jadeando. La tensión era eléctrica, su piel erizada bajo mis dedos.

Lo empujé contra un árbol, sus manos atadas con mi cinturón improvisado. Me arrodillé un segundo, solo para lamer su glande hinchado, saboreando el precum salado. Pero yo mandaba. Me puse de pie, abrí las piernas.— Lameme el coño hasta que yo diga basta. Lengua adentro, cabrón. Él obedeció, arrodillado en la tierra, lamiendo mis labios hinchados, chupando mi clítoris hinchado. Gemí fuerte, mis jugos corriéndole por la barbilla. Lo usaba como juguete, tirando de su pelo para guiarlo más hondo. Estaba empapada, mi coño palpitando.

El clímax brutal bajo mi mando

Lo tiré al suelo, su polla tiesa apuntando al cielo. Me subí encima, restregando mi coño mojado contra su tronco venoso.— No te corras hasta que yo mande. —Me empalé despacio, sintiendo cada centímetro estirándome. Follarlo duro, rebotando, mis tetas saltando libres bajo la blusa. Cambié posición: a cuatro, ordenándole que me meta la polla desde atrás, palmeando sus huevos peludos. —¡Más fuerte, joder! Rompe mi coño! Él embestía como loco, sudando, pero yo controlaba el ritmo, apretando mis paredes para ordeñarlo. Lo volteé, montándolo reverse cowgirl, mis nalgas chocando contra su pubis. Sentía su polla hincharse.— ¡Ahora, córrete dentro! —Gritó, llenándome de leche caliente, chorros potentes que me hicieron correrme, mi coño convulsionando, squirt salpicando su pecho.

Me bajé, su semen goteando de mi coño depilado. Él jadeaba, exhausto, mirándome como un perdedor rendido. Yo me limpié con sus calzoncillos, sonriéndome satisfecha. Lo había conquistado, dirigido cada embestida, cada gemido. Esa potencia post-sexo, viéndolo sucumbir… inolvidable. Me vestí, dejándolo ahí, desnudo y vacío.— Hasta la próxima, si te portas bien. Caminé de vuelta, piernas temblando de placer puro, poderosa como nunca.

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