Tomé el Control: Cómo lo Hice Sucumbir a Mis Deseos en el Hotel

Miércoles por la mañana, ring ring. Carla al teléfono, insistiendo en almorzar. ‘¡Ven ya, Marta!’. Le digo que estoy liada con el curro, pero no para. Exasperada, accedo. Treinta minutos, ni uno más. Nos vemos en esa brasería vegana que le flipa, con sus ensaladas para salvar el planeta y sus culos.

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Sentadas, va al grano. Su voz temblorosa: ‘Cuéntame de tu vida sexual… ¿sigues tan salvaje?’. Sonrío. Ella, la casada perfecta, dos niños, marido de traje. Pero sé que arde por dentro. Nuestras locuras de juventud… No reglas. Yo siempre la líder, proponiendo folladas en la oscuridad con conocidos, lenguas en coños anónimos, pollas duras en la mano sin saber de quién. Ella seguía, pero nunca mandaba.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Sería Mío

‘¿Quieres detalles crudos?’, le susurro. Se pone roja. ‘Sí… todo’. Perfecto. Le contaré cómo tomé el control total con Diego, ese tío que conocí hace poco. ‘Escucha bien, Carla. Lo decidí en el bar. Sus ojos me miraban, pero yo ya sabía: esta noche, su polla es mía. Le dije: ‘Ven al hotel a las 10. Desnúdate, ponte de rodillas ante la puerta. Y un pañuelo en los ojos’. Dudó… ‘¿Qué?’. ‘Obedece o te vas’. Colgué. Adrenalina pura. Sabía que vendría, cachondo perdido.

Llego al hotel, corazón latiendo fuerte. Abro la puerta… ahí está, de rodillas, polla medio tiesa ya, ojos vendados. ‘Buen chico’, digo rozándole la mejilla. Tiembla. Me quito el vestido lento, quedo en lencería, tacones. Porta-jarretelles negros, medias. Huele a mi perfume, mezcla de jazmín y deseo.

Empiezo suave. Paso la badine por su brazo… frr… piel de gallina. ‘No te muevas’. Baja por su pecho, rozo el pezón. Se endurece. ‘¿Te gusta, eh?’. Gime bajito. La badine serpentea por su tripa, llega al pubis. Le acaricio los huevos con la punta, suave. ‘Abre las piernas’. Obedece. La deslizo por su raja, hasta la punta de la polla. Está goteando ya. ‘Mía’, gruño.

De repente, zas. Golpe seco en la espalda. ‘¡Ah!’. Salta. ‘Silencio’. Otro en el culo, rojo al instante. ‘Esto por mirarme como si mandaras’. Fusta suave al principio, picotazos que calientan. Diez azotes, alternando nalgas. Sudor en su piel, músculos tensos. ‘Pide más’. ‘Por favor… más’. Sonrío. Ahora sí, caliente como lava.

El Acto Brutal: Dirigí Cada Empujón y Gemido

Lo empujo al suelo, cara abajo. ‘Culito arriba’. Me arrodillo detrás, badine en su ano. Presiono suave… entra un dedo, lubricado con su precum. ‘¡Joder!’. Bombeo lento. Su polla palpita contra el suelo. Me levanto, quito braga. Coño mojado, clítoris hinchado. ‘Chúpame’. Le quito el pañuelo un segundo, lo guío a mi entrepierna. Lengua ansiosa, lame voraz. ‘Más adentro, cabrón’. Gimo, agarro su pelo, follo su boca.

Lo monto. Polla enorme, venosa. La clavo en mi coño de un golpe. ‘¡Fóllame como yo diga!’. Ritmo mío: subo, bajo lento… rápido. Sus manos en mis tetas, pero yo las aparto. ‘No toques’. Cambio: me pongo de espaldas, lo empalo en el culo. Anal crudo, sin piedad. ‘¡Más hondo!’. Gruñe, suda. Lo masturbo mientras reboto, huevos chocando. ‘No corras aún’. Lo freno con un azote. ‘Cuando yo diga’.

‘¡Ahora!’. Eyacula dentro, chorros calientes llenándome. Yo exploto segundos después, coño contrayéndose, jugos por sus muslos. Cae exhausto. Yo, jadeante, lo miro. Perfecto.

Le cuento a Carla: ‘Me sentí diosa. Él, roto, suplicando más. Poder total, Carla. Tú con tu missionary… yo dirijo el orgasmo’. Ella cruza piernas, ojos brillantes. ‘Dios…’. Sonrío. Sabía que la tenía. Regreso al curro, coño aún palpitando. Mañana, repito con él. O con otro. Yo mando.

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