Estaba harta de ser la contable sumisa. Carlos, mi jefe, ya sabía lo que valgo en la cama, pero esta vez iba a ser diferente. Lo invité a cenar en mi piso, con una nota juguetona: ‘Cena gourmet y una sorpresa para el goloso’. Llegó con rosas, guapo en su traje de fin de semana. Abrí la puerta y… sorpresa: Vero, mi amiga secretaria, mi confidente de polvos oficinísticos.
—Pasa, Carlos —le dije con una sonrisa lobuna—. Vero es la guinda del pastel.
La Tensión que Monté Antes de Mandar
Ella se sonrojó, pero yo ya mandaba. Nos sentamos en el salón, luces tenues, mesa puesta con velas. Vestidas de oficina chic: tailleurs, medias, tacones. Brindamos con champán, y yo crucé las piernas despacio, dejando ver el encaje blanco de mis liguero.
—Escucha, jefe —empecé, mirándolo fijo—. Le conté a Vero todo: cómo me follas en el despacho, cómo me metes los dedos en la falda. Ella se muere por probarte. Esta noche, strip-dinner. Un prenda por plato. Yo decido las reglas.
Carlos tragó saliva, su polla ya marcaba bulto. Vero dudó: —Eh… ¿estás segura, Laura?
—Segurísima. Vísteme de puta o quítatelo todo. ¿Acordado?
Empezamos con las chaquetas. Yo me quité la mía primero, dejando mi blusa ceñida. Él se quedó en camisa, sudando. Aperitivo servido, tensión al rojo vivo. Mis pezones duros contra la seda, el olor a su colonia mezclándose con mi perfume.
Segundo plato: camisas y blusas fuera. Torso desnudo para él, nosotras en sujetador. El de Vero, casi transparente; el mío, push-up mostrando mis tetas grandes. Le ordené: —Míranos, pero no toques aún.
Tercero: faldas y pantalón. Yo bajé la cremallera lenta, dejando mis muslos enfundados en medias blancas, liguero tenso. Vero, con negros y rojo fuego. Él en slip, polla tiesa asomando. El aire cargado de deseo, mi coño ya húmedo palpitando.
Follada Brutal Bajo Mis Órdenes
—Ahora, sorpresa —dije, tendiéndole un bol—. Másturbate, Carlos. Échate la leche aquí. Vero y yo te animamos.
Él obedeció, bajando el slip. Su polla gorda, venosa, en su mano. —¡Más rápido, joder! —le grité mientras me pellizcaba los pezones. Vero se bajó el sujetador, tetas firmes, pezones duros. Él explotó, leche espesa en el bol. Yo la repartí en sorbetes: —Prueba tu propio semen, puta.
Postre: desnudos salvo liguero y tacones. Chantilly en tetas de Vero, yo lamiendo mientras me tocaba. Su coño depilado brillando. Le unté crema en la polla a Carlos, Vero la chupó como loca. Luego, mi turno: él devorando mi coño cremoso, lengua en el clítoris, sorbiendo mi flujo.
Lo monté primero. —Fóllame duro, pero yo marco el ritmo —jadeé, cabalgándolo, tetas rebotando, uñas en su pecho. Vero lamiéndole las huevos. Cambié: puse a Vero a cuatro, él embistiéndola por detrás mientras yo le metía un dedo en el culo.
—Ahora, yo te follo a ti —le dije a Vero, con un strap-on negro ceñido. Carlos en su boca. La penetré salvaje, coño chorreando, gritando: —¡Sí, puta, córrete para mí! Ella explotó, yo la seguí, él nos roció leche caliente.
Al final, exhaustos en el sofá. Carlos jadeando: —Eres una diosa, Laura. Vero: —Nunca tan follada.
Yo sonreí, poderosa. Les había dado lo que querían, pero bajo mis reglas. Mi coño satisfecho, mi ego hinchado. Mañana en la oficina, recordarán quién manda de verdad.