Cómo Tomé el Control y Me Follaron Como una Diosa en un Trío Explosivo

Esto me pasó hace unos años, lo recuerdo como si fuera ayer. Yo soy Marta, 1m65, delgada, morena, con curvas que vuelven locos. Mi marido Pablo, 1m80, moreno, musculoso, y yo encajamos perfecto en la cama. Hacía tiempo que bromeábamos con un trío. Él lo mencionaba, yo reía: ‘¿Con otro tío? ¡Si quieres!’ Pero en el fondo, me picaba la idea. Sobre todo con Antonio, el colega de Pablo. Alto, 1m95, cuerpo de rugbista, puro músculo. Lo había visto en bañador en la piscina… joder, esa forma en su slip prometía una polla enorme. Pablo era bien dotado, pero Antonio… eso era otro nivel.

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Yo soy de las que toman el mando. Me encanta la adrenalina de conquistar, verlos rendirse. Una noche, después de unas copas, Pablo sacó el tema otra vez. ‘Antonio te mira mucho’, dijo. Me mojé al instante. ‘¿Ah sí? Pues que venga este finde’, solté, mirándolo fijo. Él dudó, pero vio mi mirada. ‘¿En serio?’. ‘Sí, joder. Pero yo mando’. Se le encendieron los ojos. Llamé a Antonio yo misma: ‘Ven a casa, cuéntanos tus vacaciones’. Él rio: ‘Claro, Marta’. Sabía que le gustaba. Esa noche, la tensión era eléctrica. Me puse falda corta, ajustada, escote que dejaba ver mis tetas firmes. Antonio llegó, bronceado, enorme. Cenamos, bebimos. Yo llenaba mi copa una y otra vez, el corazón latiéndome fuerte. ‘Marta, estás increíble’, dijo él. Sonreí, dominante: ‘Tú tampoco te quedas atrás, grandote’.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío Esta Noche

Me levanté a ‘recoger’, pero Antonio me cogió la mano: ‘Yo lo hago’. Su piel áspera en la mía… uf, chispa. Pablo me miró: ‘Vamos a la cama’. Lo seguí, pero grité: ‘¡Antonio, ven con nosotros!’. Él apareció en la puerta, en slip, polla marcada. Yo ya estaba encima de Pablo, besándolo salvaje, lengua enredada. Me quité la blusa, la falda resbaló. Desabroché su sujetador, chupé mis pezones duros. ‘Quítate todo’, le ordené a Pablo. Su polla tiesa, yo la besé, lamí el glande salado. La metí en boca, succionando despacio, saboreando venas pulsantes. Mi coño chorreaba. Metí mano entre mis piernas, dedos empapados en mi jugo.

El Acto Brutal: Dirigí Cada Empuje y Grité de Placer

‘Antonio, acércate’, mandé. Él obedeció, polla libre ya: enorme, gruesa, venosa, goteando precum. Froté mis nalgas contra su glande. ‘Métemela ya’. Él empujó, lento. ‘¡Más fuerte, coño!’. Entró hasta el fondo, mi coño se abrió como nunca, resbaladizo. Grité: ‘¡Sí, joder!’. Pablo en mi boca, follándome la garganta. Yo marcaba ritmo: subía y bajaba en Pablo, empujaba contra Antonio. ‘Pablo, túmbate. Antonio, levántame’. Antonio me alzó como una pluma, su polla clavada. Cogí lubricante, unté el culo de Pablo: no, mío. ‘Pablo, por detrás’. Me abrí el culo, él entró suave. ‘¡Folladme los dos! Ritmo lento primero’. Estrecha entre ellos, pollas rozándose dentro, estirándome. ‘¡Acelerad! ¡Más duro!’ Claquetas de carne, jugos chorreando, tetas rebotando. ‘¡Voy a correrme! ¡No paréis!’ Explosión, coño y culo convulsionando, chorros calientes.

Grité como loca, orgasmos en cadena. Pablo se corrió primero, llenándome el culo de leche caliente, goteando por muslos. Antonio rugió, bombeando semen espeso en mi coño, rebosando. Me dejaron en el suelo, temblando. Pablo se acurrucó: ‘Gracias, amor’. Antonio sonrió, se fue. Yo, satisfecha, poderosa. Había tomado todo: sus pollas, sus ganas. Me sentía diosa. Esa noche dormí como reina, sabiendo que los había doblegado a mis pies.

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