Estaba sola en ese edificio viejo, polvoriento, luchando con los cables oxidados de la caja de fusibles. Phœx21, diecinueve años desde el incubador, sudando bajo la luz tenue que acababa de encender. Tres días en esta Tierra muerta, y ya sentía el peso de la misión: repoblar. La colonia necesitaba follar, unir gametos de verdad, no más máquinas muertas.
Oí pasos. Era Phœx65, el que iba a hablar en la reunión sobre reproducción. Alto, fuerte, con esa piel morena que brillaba bajo la mugre. Me miró, dudando. ‘¿Necesitas ayuda?’, dijo, voz grave. Yo sonreí, pero por dentro ardía. Lo quería. Ahora. La adrenalina me subió, el corazón latiendo fuerte. ‘Ven aquí’, le ordené, tirando la herramienta al suelo. Se acercó, confundido. ‘Hoy mando yo, ¿entiendes? Nada de preguntas. Te voy a usar para lo que la colonia necesita’. Le puse la mano en el pecho, sintiendo su calor a través de la ropa raída. Él tragó saliva, ojos fijos en los míos. ‘Phœx21, yo…’. ‘Cállate’, corté, acercándome más, mi aliento en su cuello. Olía a sudor limpio, a hombre. Le agarré la polla por encima del pantalón, ya dura. ‘Esto es mío esta noche. Desnúdate. Lentamente’.
La Tensión que Me Hizo Decidir
Se quitó la camisa, temblando un poco. Yo me lamí los labios, el polvo en el aire mezclándose con nuestro olor. Le bajé los pantalones de un tirón, su polla saltó libre, gruesa, venosa, goteando ya. ‘Joder, qué buena verga tienes’, murmuré, apretándola fuerte. Él jadeó. Me quité la mía rápido, tetas firmes saliendo, pezones duros como piedras. Lo empujé contra la pared, fría y áspera contra su espalda. ‘De rodillas’, le dije. Se arrodilló, obediente. Le metí la polla en la boca, profunda. ‘Chúpala bien, cabrón. Usa la lengua’. Gemí cuando rozó mi clítoris… no, su lengua en mi raja húmeda. Me abrí de piernas, mojada hasta los muslos. ‘Lame mi coño, lame hasta que te diga para’. Él obedeció, lengua caliente lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris. ‘Sí, así… más adentro’. Me corrí rápido, jugos en su cara, gritando bajito.
El Placer Bajo Mis Órdenes
Lo tiré al suelo, sobre las cajas viejas. Me subí encima, cowgirl pura. Agarré su polla, la froté en mi entrada resbaladiza. ‘Mírame mientras te follo’. Bajé de golpe, su verga llenándome entera, estirándome. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, gruñó él. Yo reí, moviéndome lento al principio, sintiendo cada vena palpitar dentro. Aceleré, tetas botando, sudor goteando entre nosotros. ‘No te corras aún, resiste’. Cambié, lo puse de lado, montándolo de reversa, mi culo rebotando contra sus huevos peludos. ‘Agárrame las nalgas, aprieta’. Él lo hizo, dedos hundiéndose. Volví a cowgirl, frotando mi clítoris contra su pubis, follando duro. ‘Ahora sí, córrete dentro, lléname de leche’. Él rugió, polla hinchándose, chorros calientes inundándome el coño. Yo exploté otra vez, contrayéndome alrededor de él, ordeñándolo todo.
Me bajé, su semen chorreando por mis piernas, mezclándose con el polvo. Él jadeaba, exhausto, mirándome como un cachorro. Yo me sentía diosa, poderosa, el útero lleno de su semilla. ‘Esto es lo que necesitamos, Phœx65. Yo decido cuándo y cómo’. Me limpié con la mano, lamiendo un dedo. ‘La colonia va a repoblarse, empezando por mí’. Él sonrió débil. ‘Fue… increíble’. Yo asentí, pecho hinchado de orgullo. Esa noche, en la reunión, todos olerían el sexo en mí. Pero yo mandaba. Y lo volvería a hacer. Siempre.