Cómo Tomé el Control y Me Folle al Marido de Mi Amiga

Hace unas semanas, en nuestra nueva casa en el campo, cerca de la ciudad, vinieron mis amigos Gala y Juan Carlos a pasar unos días. Era finales de junio, los niños ya dormían. El aperitivo se alargó… demasiado. Vino a raudales, risas, calor pegajoso en el aire. Yo llevaba un vestido de verano ligero, de esos que se transparentan un poco, marcando mis curvas. Gala más discreta, pero Juan… uf, ese cabrón siempre con su mirada de depredador.

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La charla fluía, halagos volando. Juan me soltó: ‘Valeria, estás igual de joven que hace diez años’. Sonreí, juguetona. ‘Las embarazos me pusieron más voluptuosa, ¿no?’. Mi marido Pablo lo sabía todo: nuestro pacto, follar fuera sin joder el matrimonio. Juan es guapo, pero inaguantable a diario. Gala lo soporta, o eso creía.

La Tensión que Me Hizo Decidir

Puse música, viejos éxitos. Suspiré al sentarme: ‘No nos rejuvenecen estos temas’. Empezaron los lentos. Bailé con Pablo, él con Gala. Le susurré: ‘Cariño, ¿puedo pillar a Juan?’. ‘Se muere por ello’. ‘¿Y tú con Gala?’. ‘No sé si se anima…’. Terminado el baile, felina, me acerqué a Juan: ‘¿Cambio de parejas?’. Él sonrió, pillo. Lo arrinconé en la penumbra, cuerpos pegados, su polla ya dura contra mí. Dicté: ‘Vamos arriba, pero yo mando. Tú follas como yo diga, ¿entendido?’. Asintió, jadeante.

Lo arrastré a nuestra habitación, cerré la puerta. Lo empujé contra la pared, beso salvaje, lenguas enredadas. Manos por todas partes. ‘Quítate la camisa’, ordené. Obedeció. Bajé su pantalón, su polla saltó, gruesa, venosa. ‘Mmm, buena verga’. La chupé despacio, labios apretados, lengua en el glande. Gemía: ‘Joder, Valeria…’. Lo miré: ‘Cállate y disfruta’. Lo hice arrodillarse, le abrí las piernas. No, espera… yo al mando.

El Sexo Bajo Mi Dominio Total

Lo tumbé en la cama, me subí encima. Vestido arriba, bragas a un lado. Froté mi coño mojado en su polla. ‘Siente cómo chorrea por ti’. Bajé despacio, empalándome. ‘Ahhh… sí, así’. Cabalgué fuerte, tetas botando, uñas en su pecho. ‘Mueve las caderas, fóllame bien’. Sudor, olor a sexo, cama crujiendo. Cambié: ‘A cuatro patas, ahora’. Me puse yo, pero lo guie: ‘Métemela hasta el fondo, pero despacio al principio’. Entró, polla estirándome. ‘Más rápido, joder, dame duro’. Golpes secos, coño chorreando, clítoris hinchado.

Lo volteé, misionero. Piernas en sus hombros. ‘Chúpame las tetas mientras me follas’. Mordisqueaba pezones, yo gritaba: ‘¡Sí, cabrón, hazme correrme!’. Orgasmos me sacudían, paredes apretando su verga. ‘No te corras aún’. Lo saqué, lo puse de lado. Froté mi culo contra él. ‘Ahora el ano, lubrica con mi coño’. Entró suave, luego brutal. ‘¡Desfóllame el culo!’. Dolor-placer, gemidos roncos. Lo apreté, ordeñándolo.

Al final, lo monté de nuevo, coño al límite. ‘Córrete dentro, lléname’. Explosión, semen caliente inundándome. Colapsó, exhausto. Yo, jadeante, lo eché: ‘Vete con Gala, aquí duermo con mi marido’. Bajé, vi a Pablo con ella en el sofá, casi desnuda. Sonreí. Poder puro: lo había tenido a mis pies, follado como quise. Adrenalina, coño palpitando aún. Pablo me miró: ‘¿Bien?’. ‘Perfecto, yo controlo’. Esa noche, él me folló el culo lubricado por Juan. Poder total, satisfacción brutal. Lo repetiría sin dudar.

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