Tomé el Control de un Camionero en la Gasolinera: Mi Noche de Poder Total

Estaba ahí, a las dos de la mañana, removiendo mi café con leche en esa gasolinera de mierda a las afueras de la ciudad. Verano del 86, acababa de aprobar los exámenes y mi padre me metió en este curro nocturno. De 22 a 6, caja de coches ligeros, poco movimiento. Entre las 2 y las 5, puro aburrimiento. Limpiábamos surtidores para la prima.

Las burbujas irisadas explotaban, hipnóticas. La puerta cruje. Entra él: camionero bajito, fornido, unos treinta, pelo negro alborotado, barba de tres días. Jeans sucios, camiseta arrugada. No guapo, pero con un rollo… Lleva neceser y toalla blanca con florecitas azules. Me saluda con la cabeza, va al dispensador, pide café negro químico. Me mira de arriba abajo, lento. Coge el vaso, duda un segundo, se planta en mi mesa. “¿Hablas español?”, voz grave, ronca. “Claro, guapo”, digo yo, sonriendo con malicia.

La Mirada que Enciende el Fuego

Se sienta, ojos marrones clavados en mí. Bebe despacio. “Voy de vuelta a casa”, dice con acento. Siento su deseo, esa tensión en el aire. Mi coño palpita. Hace meses sin acción decente. Yo decido: este tío es mío esta noche. Le voy a follar como se merece. “¿Dónde está la ducha?”, pregunta. Se la señalo. “Ven, te abro yo. Pero… ¿quieres compañía?”. Se queda parado. Le cojo la mano, piel áspera, y tiro de él hacia los baños. Corazón latiendo fuerte, adrenalina pura.

Abro la cabina con mi llave. Espacio chico: vestuario y ducha. Huele a jabón barato y desinfectante. Cierro la puerta. “Quítate todo”, ordeno, voz firme. Él obedece, se desnuda rápido. Cuerpo musculoso, bronceado, peludo, barriguita. Polla tiesa, gruesa, buena tamaño. Me mojo los labios. “Ahora yo mando, ¿entiendes?”. Asiente, jadeando. Me quito la camiseta, short, bragas. Tetazas al aire, coño húmedo ya.

Le empujo contra la pared. Le beso duro, lengua dentro, saboreo su boca ruda. Manos en su polla, dura como piedra. La aprieto, masturbo lento. Él gime. Bajo, lamo sus pezones peludos, muerdo suave. Sigo bajando, beso su tripa, llego a esa jungla negra. Polla palpitando. La chupo el capullo, lengua en el frenillo. La engullo entera, labios apretados, voy y vengo. Él gruñe, manos en mi pelo.

Le paro. “De rodillas”. Obedece. Le meto mi coño en la cara. “Lámelo bien”. Lengua torpe al principio, pero aprende rápido. Me corro rápido, chorro en su boca. Levanto, le giro. “Agárrate”. Saco lubricante del bolsillo –siempre preparada. Unto su polla, mi culo. Me planto encima, cabalgo su verga cruda. Arriba y abajo, control total. Sus manos en mis caderas, pero yo marco el ritmo. Polla llenándome, bolas golpeando.

Follada Brutal Bajo Mis Órdenes

Oímos a mi compañero. Nos paramos, él se corre en mi mano, yo en la suya. Limpiamos rápido. “Después del turno, en tu cabina. A las 6”. Me guiña, sale fresco, afeitado.

Fin de turno. Cojo dos cafés, voy a su camión. Rideaux corridos. Toco. Abre desnudo, somnoliento. Subo. Cabina limpia. “Desnúdate”, ordeno. Obedece. Nos besamos, café en mano. Manos por todo: tetas, coño, su polla. Le monto en el asiento, follo salvaje. Luego couchette. Le pongo condón. “A cuatro patas”. Le follo el culo con un dedo mientras me lame. Cambio: él me penetra de lado, pero yo guío. Masturbo su polla dentro de mí. Ritmo mío: lento, rápido, brutal.

Me corro gritando, él dentro, gimiendo. Segundo round: 69, se traga mi squirt, yo su leche espesa. Le dejo seco.

Bajo, satisfecha. Poder total. Ese camionero fue mío, cada gemido, cada corrida. Me fui a casa con el coño palpitando de victoria. Nadie me para.

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