Tomé el Control: Mi Conquista Salvaje en el Bosque Prohibido

Estaba harta de la corte, de esas orgías sin alma. El rey y sus caballeros, bebiendo y follando como animales. Yo, Sylvie, la del barrio bajo, vi a ese errante. Alto, con su armadura y esa espada rara, Edgar. Me miró como a una yegua. Le di un poco de azúcar de mi bolsillo, sonrió. ‘Ven conmigo’, le dije con voz baja. Sus ojos brillaron. Pero yo ya sabía… él sería mi presa.

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Lo llevé a la pradera, fingiendo sumisión. Me quitó la ropa mugrienta, me puso un licol. Caminé a cuatro patas, sintiendo su mano en mi culo grande, carnoso. El sol pegaba fuerte, olor a hierba húmeda. Paramos al borde del bosque oscuro, ese que los campesinos temen. Montó, su polla rozando mi espalda. ‘Hue, dia’, gritaba, dándome palmadas. Yo reía por dentro. Adrenalina pura.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Sería Mío

Al caer la noche, bajé del ‘viaje’. Preparó el fuego, me dio más azúcar y un trozo de carne seca. Me tumbó en la hierba, oliendo a sudor y deseo. Entró en mí fuerte, gruñendo. Su polla dura, gruesa, me llenaba. Pero paré. ‘Espera…’, susurré. Lo empujé al suelo. Sus ojos se abrieron grandes. ‘Ahora mando yo, cabrón. Te ato al árbol. Lamerás mi coño hasta que tiembles. Y no te corres hasta que yo diga’. Él tragó saliva. ‘Sí… reina’. La tensión era eléctrica. Mi clítoris palpitaba ya.

Lo até con el licol, manos atrás. Me senté en su cara, mi coño mojado chorreando en su boca. ‘Lame, joder. La lengua adentro’. Sentí su aliento caliente, áspero. Lamía torpe al principio, pero yo guiaba: ‘Más rápido en el botón, cabrón. Chupa mi clítoris’. Olía a sexo salvaje, tierra y pino. Gemí, apretando sus orejas con mis muslos gruesos. Él jadeaba, polla tiesa como palo, goteando pre-semen.

El Follón Brutal: Dirigí Cada Empujón y Grito

Bajé, montándolo a lo amazona. Su polla entró de golpe en mi coño hambriento. ‘No te muevas. Yo follo’. Cabalgué duro, subiendo y bajando, mis tetas grandes botando. ‘¡Mira cómo te como la verga entera!’. Apreté mis paredes, ordeñándolo. Él suplicaba: ‘Por favor… déjame…’. ‘¡No! Aguanta’. Cambié: a cuatro patas, lo hice entrar por detrás. ‘Folla mi culo ahora, pero lento. Siente cómo te aprieto’. Su glande abriéndome, dolor-placer. Sudor por todos lados, slap-slap de carne.

Lo volteé, lo até encima. Me subí otra vez, frotando mi clítoris en su pubis. ‘¡Córrete ya, dentro!’. Él explotó, chorros calientes llenándome el coño. Yo me corrí después, gritando, jugos mezclados bajando por sus bolas. Lo dejé ahí, exhausto, polla flácida.

Me vestí, soltándolo despacio. Él me miró rendido. ‘Eres… diosa’. Sonreí, poder puro en mis venas. La reina fría de la corte? Olvídala. Yo conquisté, dirigí cada gemido. Adrenalina de la caza, placer de verlo sucumbir. Ahora el bosque es mío, y él… volverá arrastrándose. Satisfecha total, coño aún palpitando.

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