Cómo tomé las riendas y follé al vecino hasta someterlo

Vivo en esta urbanización pija de las afueras de Madrid, llena de vecinos con fachadas perfectas y secretos sucios. Yo soy Lola, española de pura cepa, curvas que matan y cero complejos. Hace unas semanas noté al nuevo, Ted, alto, guapo pero con cara de perro apaleado. Su mujer lo dejó por el mejor amigo, lo echaron del curro… lo vi solo en su jardín, bebiendo café amargo. Pensé: ‘Este tío es mío esta noche’. Me excité solo de imaginarlo gimiendo bajo mis órdenes.

Esa tarde lo pillé paseando. Le sonreí, cruzamos cuatro palabras. ‘Ven a casa esta noche, Ted. Necesitas… distraerte’. Dudó, pero sus ojos se clavaron en mis tetas. ‘Vale, Lola’. Perfecto. Preparé todo: luces bajas, vino, mi lencería roja que apenas tapa el coño. Cuando llegó, traje ajustado marcando culo, lo miré fijo. ‘Siéntate. No hables hasta que yo diga’. Se quedó tieso, pero obedeció. Me acerqué, le puse la mano en el paquete. Estaba duro ya. ‘Hoy mando yo. Tus problemas se olvidan follándome como yo diga. ¿Entendido?’. Asintió, tragando saliva. La tensión subía, su respiración pesada. Le desabroché la camisa despacio, rozando pezones. ‘Quítate todo. Despacio’. Lo hizo, polla saltando erecta, venosa, goteando pre-semen. Yo me quité el vestido, quedando en tanga y sujetador. ‘Arrodíllate’. Se arrodilló, mirada hambrienta. Le agarré la cabeza: ‘Lámeme el coño por encima de la tela primero’. Gemí cuando su lengua presionó mi clítoris hinchado. ‘Más fuerte, joder’. La adrenalina me corría por las venas, él era mío.

La decisión que encendió todo

Lo tiré al sofá, monté su cara. ‘Come mi coño hasta que me corra’. Le arranqué la tanga, metí su lengua profunda en mi humedad. ‘¡Así, cabrón! Chupa mi clítoris, méteme dos dedos’. Jadeaba, él lamiendo como loco, mi jugo por su barbilla. Me corrí fuerte, temblando, apretando su cabeza contra mi coño palpitante. ‘Buen chico’. Ahora mi turno de follarlo. Lo puse a cuatro patas. ‘Voy a montarte como a un semental’. Escupí en su polla, la masturbé dura. ‘No te corras sin permiso’. Me senté encima, su polla abriéndome el coño de golpe. ‘¡Joder qué gruesa!’. Cabalgué salvaje, tetas botando, clavándole uñas en pecho. ‘¡Fóllame más adentro!’. Cambié: lo puse boca arriba, piernas abiertas. ‘Ahora yo te follo el culo con mi dedo mientras te mamo la polla’. Le chupé la verga entera, bolas en mi boca, dedo en su ano apretado. Gimió como puta: ‘¡Lola, me vuelves loco!’. ‘Cállate y aguanta’. Lo giré, lo penetré a lo bestia, coño tragando su polla hasta los huevos. ‘¡Dame más, fóllame duro!’. Sudor, olor a sexo, golpes de cadera. Lo hice cambiar a perrito, le azoté el culo rojo. ‘¡Córrete dentro cuando yo diga!’. Sentí su polla hincharse, grité: ‘¡Ahora, lléname el coño!’. Chorros calientes me inundaron, yo explotando en otro orgasmo, coño ordeñándolo.

Me aparté, su semen chorreando de mi coño depilado. Él jadeaba exhausto, mirada de rendición total. Me limpié con su camisa, sonriendo. ‘Has sido bueno, Ted. Pero fue mío todo’. Se vistió temblando, besó mi mano. ‘Vuelve cuando yo llame’. Salió, yo me miré al espejo: poderosa, saciada. Esa noche dormí como reina, sabiendo que lo tenía comiendo de mi mano. La conquista, el control… adictivo. Ahora espera mi próxima orden, y yo ya planeo más.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top