Cómo tomé el control y follé a mis vecinos casados

Vivo en un edificio viejo, con vecinos perfectos: Julien, el arquitecto triatleta, alto, moreno, ojos azules que se oscurecen en la sombra. Y Émilie, su mujer, enfermera curvilínea, voz grave con acento del sur. Amigos desde el día uno, cenas, niñeras. Pero yo notaba sus miradas. Él, disimulando cuando subía las escaleras delante. Ella, preguntando de mi vida íntima con esa sonrisa pícara. Sabía que fantaseaban conmigo. Y un día, decidí: serían míos.

Era sábado noche. Les invité a cenar. Vino tinto, luces bajas. Yo con un vestido ajustado, sin bragas. Noté cómo Julien tragaba saliva al ver mis piernas cruzadas. Émilie se reía nerviosa, tocándome el brazo. ‘¿Estás soltera?’, preguntó ella. Sonreí. ‘Sí, pero no por mucho’. La tensión crecía. Sus ojos en mí, yo en control. Al final de la cena, me acerqué a Émilie en la cocina. La besé. Suave al principio, luego su lengua buscó la mía. Julien nos vio desde el salón. No se movió. Perfecto.

La conquista comienza en el rellano

La llevé de la mano a mi habitación. Él nos siguió, mudo. ‘Quítate la ropa’, les ordené. Dudaron. ‘Ahora’. Se desnudaron torpes, él con la polla ya medio dura, ella con tetas pesadas temblando. Yo me senté en la cama, piernas abiertas. ‘Arrodillaos’. Obedecieron. Julien de rodillas, polla tiesa palpitando. Émilie jadeando, coño húmedo brillando. ‘Primero, ella me come el coño. Tú miras’. Émilie se acercó, temblando. Lamía despacio, insegura. Agarré su pelo. ‘Más fuerte, puta. Chupa mi clítoris’. Gime como loca, lengua profunda. Julien se tocaba, pero le paré. ‘Sin manos. Mira cómo la domino’.

La tensión explotó. La puse a cuatro patas. ‘Julien, fóllala por detrás. Pero lento, como yo diga’. Él entró en ella, polla gruesa abriéndola. Émilie gritó: ‘¡Sí!’. Yo debajo, lamiendo su clítoris mientras él la embestía. Sudor, olor a sexo, gemidos roncos. ‘Más rápido ahora’. Él obedecía, polla entrando y saliendo, huevos golpeando. Ella se corría, chorros calientes en mi boca. ‘Ahora yo’. Monté a Julien. Su polla enorme, dura como piedra. Bajé despacio, sintiendo cada vena. ‘No te muevas’. Cabalgué fuerte, tetas rebotando, coño apretándolo. Émilie lamía mis pezones, mordiendo suave. ‘Dime que soy la jefa’. ‘¡Eres la jefa!’, jadeó él. La hice sentarse en su cara. ‘Lámela mientras yo te follo’. Él chupaba su coño, yo rebotaba en su polla, control total.

El clímax de mi dominio total

Cambié posiciones. A cuatro patas yo, Julien en mi coño, Émilie debajo lamiendo sus huevos. ‘Fóllame duro, pero para cuando yo diga’. Embistió brutal, polla golpeando mi cervix, placer punzante. ‘¡Para!’. Obedeció, jadeando. Luego anal: lubricante, su dedo primero, luego su polla. ‘Despacio… sí, métela toda’. Dolor dulce, lleno total. Émilie besándome, dedos en mi clítoris. Me corrí gritando, ano contrayéndose alrededor de su verga. Él casi explota, pero ‘Aún no’. Lo saqué, lo puse a Émilie. La folló salvaje, yo dirigiendo: ‘Azota su culo. Hazla gritar’. Piel roja, gemidos animales. Finalmente, ‘Córrete en mi boca’. Él sacó, yo tragué todo, salado, caliente.

Se derrumbaron, exhaustos, sudorosos. Yo de pie, desnuda, poderosa. ‘Habéis sido buenos’. Julien murmuró ‘Increíble…’. Émilie: ‘Vuelve cuando quieras’. Sonreí. Salí, piernas temblando de adrenalina. Los había conquistado, dirigido cada gemido, cada corrida. Poder puro. Ahora son míos, cuando yo quiera. Y lo repetiré.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top