Tomé el Control: Mi Noche Salvaje en la Maniobra Militar

Estábamos en plena maniobra en el bosque gallego, hace dos días de barro y cansancio. Yo, Celia, con mis botas llenas de agua, cavando nuestro agujero de supervivencia junto a Laura. 36 horas sin dormir bien, hambre, suciedad pegada a la piel. Pero yo soy fuerte, de las que no se rinden. Esa noche, en el saco húmedo, soñé con un tío follándome sin piedad. Desperté mojada, frustrada. Seis meses sin polla decente desde que mi ex me dejó.

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Al día siguiente, me metí en el río helado, desnuda bajo el sol filtrado. Agua corríendo por mis tetas, mis muslos. Me oí voces: Antonio y Julián, los guapos del otro grupo. Me vieron, lo supe después. Caminamos juntos, orientación pura. Antonio a mi lado, callado, pero sus ojos devorándome el culo. En una pendiente, resbalé. Él me agarró la teta, luego el culo. ‘Cuidado, preciosa’, dijo con esa sonrisa de macho. Me encendí. No iba a dejar que él mandara.

La Tensión que Me Hizo Decidir

Noche en la cuvette, cuatro juntos para las guardias. Yo segunda. Frío que calaba los huesos. Desperté con su mano en mi cara, suave. ‘Qué tierna al despertar’, bromeó. Me levanté, tomé mi puesto. Diez minutos y ahí estaba, a mi lado. ‘No duermo, nervios’. ‘Mejor, compañía’, respondí, voz baja, segura. Lo miré fijo. Su aliento caliente en mi cuello. Pasó el brazo por mi cintura. Yo no me moví. Esperé. Beso frío en labios. Le devolví, pero mordí su labio inferior. ‘Shh, yo mando aquí’, susurré. Lo giré, lo puse entre mis piernas, mi espalda contra su pecho. Sus manos en mis caderas. ‘Tócame las tetas, pero despacio’. Obedeció, dedos helados en mis pezones duros. Gemí bajito.

Abrí mi chaqueta, levanté el jersey. Sin sujetador, tetas al aire. ‘Chúpamelas’. Bajó la boca, lengua caliente lamiendo. Yo controlaba el ritmo, empujando su cabeza. Desabroché su cinturón, saqué su polla semi-dura. ‘Mírala, ya está goteando por mí’. La mamé hondo, lengua en el glande, hasta que la sentí hincharse en mi garganta. ‘Para, no corras aún’. Lo empujé al suelo. Me quité el pantalón a medias, culotte abajo. Coño mojado, labios hinchados. ‘Lámeme el clítoris, hazlo bien’. Se arrodilló, lengua dentro, chupando fuerte. Ondulé contra su cara, manos en su pelo, tirando. ‘Más rápido, joder’.

El Placer Bajo Mi Dominio

Orgasmos míos primero. Lo puse a cuatro, pero yo arriba. Me senté en su polla, despacio, sintiendo cada vena entrar en mi coño apretado. ‘No te muevas, yo follo’. Subí y bajé, tetas botando, clítoris rozando su pubis. Sudor frío, barro bajo rodillas. ‘Agárrame el culo, aprieta’. Le clavé uñas. Cambié: levrette, pero yo empujando contra él. ‘Fóllame duro, pero como yo diga’. Ritmo brutal, polla golpeando fondo. ‘¡Sí, así, cabrón!’. Grité bajito cuando corrí, coño contrayéndose, leche suya llenándome el condón. Lo ordeñé seco.

Me giró, exhausto. Lo besé, lengua dominante. ‘Buen chico’. Me vestí, tetas aún sensibles, coño palpitando satisfecho. Él jadeando, mirada de rendido. Me sentía poderosa, dueña de su placer. Esa noche, el bosque fue mío. Él, mi trofeo. Caminamos al día siguiente como si nada, pero su mirada… sabía que me deseaba más. Yo había ganado, tomado lo que quería, sin remordimientos. Adrenalina pura, control total.

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