Eh… Recuerdo esa vibración en mi móvil. Otro puto mensaje de él. ‘Cariño, te deseo tanto…’. Cinco meses de eso. Flores, regalos, promesas. Yo, harta de esperar como una tonta. Esta vez, no. Decidí que sería yo la que manda. Lo cité en mi piso de Madrid, sin rodeos. ‘Ven ya. No preguntes. Obedece.’
Llegó nervioso, sudando un poco. Olía a colonia barata mezclada con deseo. Lo miré fijo, de arriba abajo. ‘Desnúdate. Ahora.’ Dudó un segundo, sus ojos brillando. ‘Pero…’. ‘Cállate’, le corté. Lo empujé contra la pared, mi mano en su pecho. Sentí su corazón latiendo como loco. Le bajé la cremallera despacio, rozando su polla ya medio dura. ‘Hoy yo decido todo. Si no te gusta, la puerta está ahí.’ Asintió, tragando saliva. La tensión subía, el aire espeso. Mi coño ya palpitaba, húmedo de anticipación.
La Decisión: Él Será Mío Esta Noche
Lo arrastré al sofá, de rodillas. ‘Chúpame.’ Me quité las bragas, abrí las piernas. Su lengua tibia en mi clítoris, torpe al principio. ‘Más profundo, joder. Usa los dedos.’ Gemí cuando metió dos dentro, curvándolos justo ahí. El calor de su boca, el sonido chup chup… Me corrí rápido, apretando su cabeza contra mí. ‘Buen chico.’
Ahora, el acto. Lo tiré boca arriba. Su polla tiesa, goteando precum. Me subí encima, rozándola contra mi entrada mojada. ‘No te muevas.’ Bajé despacio, sintiendo cada centímetro estirándome. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, murmuró. Aceleré, cabalgándolo fuerte. Sus pelotas chocando contra mi culo. ‘Dame la mano.’ La usé para pellizcarme los pezones, duros como piedras. Cambié: de rodillas, él detrás. ‘Fóllame el coño así, pero lento.’ Obedecía, jadeando. Luego, lo detuve. ‘Ahora el culo. Lubrica con tu saliva.’ Escupió en mi ano, empujó. Dolor placentero, lleno. ‘Más fuerte, cabrón.’ Lo monté en reversa, controlando el ritmo. Su verga palpitando dentro. Metí un dedo en su culo, prostata. ‘¡Ahhh!’, gritó. Lo ordeñé así hasta que suplicó.
El Placer Bajo Mis Órdenes y la Victoria Final
Lo puse de pie, contra la mesa. ‘Córrete en mi boca.’ Chupé voraz, lengua en el frenillo, mano apretando huevos. Él temblaba, ‘Voy a…’. ‘Aún no.’ Lo edgeé tres veces, riéndome. Finalmente, ‘Córrete ya.’ Chorros calientes en mi garganta, salados. Tragué todo, lamiendo limpia su polla flácida.
Después, él exhausto, jadeando en el suelo. Yo, de pie, desnuda, sudor brillando en mi piel. Lo miré desde arriba, poderosa. ‘Esto es lo que querías, ¿no? Pero bajo mis reglas.’ Sonreí, sintiendo el poder correr por mis venas. Mi coño aún latiendo de satisfacción. Lo eché con un beso. ‘Vete. Ya tienes lo tuyo.’ Cerré la puerta, me toqué pensando en mi victoria. Joder, qué subidón. Él sucumbió total. Yo obtuve todo: control, polvos brutales, éxtasis puro. Mañana, quizás otro. Pero hoy, soy la reina.